Petra Mölstad

Unas manos buscan a tientas a través de la corteza, miren cómo rebota mi cabeza. Se deforma, se exhibe una paliza. Se hurga en una cámara interior para encontrar un centro vallas embarran los huesos sujetan el cuerpo. Se enfila un músculo sobre la piel para que se calme y se ensaya un estiramiento. Se desbroza la maleza y se conducen las escamas los restos levantan polvo sobre la pupila que enfurece mira para otro lado. Las particularidades rechazadas en una bolsa sobre la mesa. Vengan, luchen en el campo, enlodando y enterrando. Cierne la rapiña arriba de la víctima da un grito y cae. Las ramas se pliegan evitando el cuerpo veloz.

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Incendian depósitos llenos. Los gritos caen sobre los campos. El aumento, el sonido silencioso. Blancos móviles asustados y quietos. Tallos, nervios se tuercen en el calor. El área de distribución balbucea y jala. Ella se vuelca. Yo soy una sima. Con sus pies ella anda con cautela, arrea por la senda. Consuela la tierra y los aledaños que se hunden. Una lengua áspera contra la corteza. Encharcamiento. El impulso de masticar. Enjambres ahora levantan el vuelo se deslizan hacia acá. La respiración del suelo varía mucho a lo largo del año.

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Ya vienen los árboles. Estiran los ramajes y las gallaritas. Se acercan a las superficies de la piel y a las manchas propias de la especie. Un recuerdo de cuarto de baño. Aún así se despiertan y salen chirriando. Una contracorriente que no palpita. Solo campo tras campo. Cosechas. Arena se mete arremolinando por todas las grietas de la casa cascando pupas. Pliega y abre. Agua muerta y telaraña y murmullos tan claros como hilos finos saliendo de la glándula. En la arboleda estamos. Lentamente crece el cornezuelo en cada dedalera.

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Inmunidad de rebaño en cada espesura. Fibras rojas ondean en los árboles. Dibujan formas de la virtud. Corren y respiran en los huecos de los troncos. Colocan allí la envidia y el flato. Todos los páramos ahora se tiñen de tu agua. Todas las aves elevan el vuelo simultáneamente. Hay calma y presagio. Golpeteo. Deslizamiento debajo de la laguna. Penetra chupa líquidos y miedos. El follaje pide saprofito pero es encapsulado. La fertilidad de la carne y el paisaje. El humedal la lycophyta buscan en tu circulación encuentran el paladar. Oxigenan. Ahora pastamos ericáceas y cataratas. No se ven los quironómidos. Rumian a compás. Esperan a que se vaya la helada profunda. Una vibración.

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Dispone de la vegetación. Ahora toca la briza media. Lucha con los dedos por meterse en la materia orgánica. Tú eres mi suelo tú eres mi pantano. Lavas el carpo lamiéndolo. Levantas el cuerpo a lo largo del linde del bosque. Crujiendo debajo de la región sacra caen las acederas y las hierbas de la celada. Chupan el rocío por los antebrazos y la saliva se acumula. Mastican. Flotando somos un arroyo un río somos cascos partidos, avanzamos como rebaño refregando pinos y abetos. Debajo del desarraigo balbuceas. Todo esto que enderezar. Líquenes y musgos como membranas piel y lazos interhumanos.

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Los cinco poemas provienen de Omloppstid (2015, ‘Circulación arbórea’), el segundo libro de la poeta sueca Petra Mölstad, quien este año publica su cuarta colección de poemas: Din disciplin (‘Tu Disciplina’).
Las traducciones fueron realizadas gracias a un apoyo de Swedish Arts Council.

Foto · Jakob Johannsen

Matilda Södergran

Yo preferiría parirlo con la boca,
que fuese una muy prolongada autoexaminación.
Yo elegiría sacarlo con la boca.

Nada más.

Luego el grito al nacer,
el largo cordón umbilical.

Yo preferiría parirlo con la boca durante mucho tiempo, lentamente
a través de comisuras reventadas, porque no puedo abrir la boca tanto
con los huesos de él entre los dientes.

Luego él en el piso, la placenta pesada en la cavidad bucal,
la sangre del parto que dispersa mis sensaciones de sabores.

Desnudo con aliento a alcohol
y paredes rojas descoloridas.

Su madre ya no está aquí.

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Una tranquilidad color vino cierra el ojo.

Yo sangro sábanas y mostradores de charcutería.
Dejo chorreando dejo el cuerpo dejo

la membrana de carácter dorado falso.

Barro el piso con tinta negra.

Trampas.

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El llanto cuelga como una masa desgarrada
ESPACIODOBLEdesde las cúpulas

derrama tú el alivio
que es demasiado pesado para cargar.

Lo ves, los espasmos cadavéricos allá abajo,
ESPACIODOBLEya por última vez.

Porque siempre sabes que lo has visto ya
y que lo volverás a ver de nuevo.

Lo volverás a ver de nuevo.

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Aquella agua corre sobre nosotros. Color herrumbre.

Tú determinas la temperatura de mi cuerpo
plegando tus largos en la muñeca,
golpeando súbito como en películas violentas, pero esto no es violencia.

Esto es algo distinto.

La armadura restalla debajo de las suelas de los pies,
es absorbida en lo duro y dos veces te he dicho
carajo. No estaba enojada entonces.

Tampoco lo estoy ahora.

Usa el marco de mi espalda para tus obras conceptuales,
mete las puntillas de grafito golpeándolas con los puños 

sabes que tengo el lado carnoso para afuera.

Corre sobre nosotros, aquella agua. Sabor a semen.

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¿Fue porque maté a una mariposa?
No contestas.

Pero fue porque maté a una mariposa
y tu cuerpo y todo lo demás tan frágil.

Algo pasajero en las junturas del cuerpo,
pero nunca jamás.

Digo: –Tuvimos algo

y estiro la mano hacia adentro para sacar los restos.

Alguien vierte alcohol sobre mi cuerpo y me ve brillar.
Alguien vierte alcohol sobre mi cuerpo y me ve brillar.

Digo que es porque la carne de la mariposa era peluda
y tus manos y una lengua y una duda pero aún así
y me veo a mí misma brillar en el alcohol. Te veo

apagarte en la boca del tragafuegos.

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Ella yace distribuida en el hormiguero,
dejando que los bichos de seis patas entren en ella.

Hedor a orines y aliento de hormiga.

Se ha vestido cuidadosamente
para aparentar frescura, suavidad

y hay algo clínico y amargo
en los pliegues de sus labios.

Él la besó ayer.
Apuntó.

Los poemas son del primer libro de Matilda Södergran (1987), Hon drar ådrorna ur (‘Ella de sí saca las venas’), publicado en el 2008. Mis traducciones de algunos poemas de su tercer libro, Maror (‘Pesadillas’, 2012), fueron publicadas en Tierra adentro en septiembre del 2019.
El más reciente libro de Södergran, Överlevorna (‘Los restos’, 2018), fue apremiado con el prestigioso premio de poesía que otorga la Radio Sueca.

Foto · Theo Elias